15 de abril de 2012

Poncio Pilatos

ANÁLISIS PLÁSTICO-TEÓRICO DE LA TALLA DE PONCIO PILATO PARA LA HERMANDAD DE LA SALUD DE CÁCERES
La talla de Poncio Pilato proyectada para el misterio de la Sentencia de la Hermandad de la Salud de Cáceres, está concebida en actitud arrogante y despótica, de acuerdo con los datos históricos que se conservan del personaje y que a continuación se exponen:
Esta escultura escenifica el episodio en el que erguido en su tribuna, calma con la mano derecha a la muchedumbre, mientras ordena la ejecución de Jesús y la colocación al cuello de éste de la tabella o titulus crucis, por parte de un soldado romano. Este elemento de madera, con el motivo de la sentencia grabado en latín, griego y arameo según los evangelios, recogería las palabras “Jesús Nazareno Rey de los Judíos”. Era costumbre en Roma que los condenados a muerte llevaran colgado hasta su ejecución un letrero al cuello con las causas de su castigo, con el propósito de informar a la población y así servir de escarmiento. Este objeto lígneo, sería el que posteriormente se colocaría sobre el stipes o palo vertical de la cruz y que popularmente se conoce como INRI.
En cuanto a la personalidad del prefecto, existen descripciones como la de Filón de Alejandría, contemporáneo a Jesús, quien le describe como un personaje conocido por sus «sobornos, injurias, robos, atropellos, daños injustificados, continuas ejecuciones sin juicio y una crueldad incesante y muy lamentable». Aunque según los historiadores y estudiosos de las sagradas escrituras esta descripción pudiera pecar de un tanto exagerada, se tiene constancia de tres episodios de su gobierno en los que Pilatos no dudó en emplear la fuerza bruta para controlar a las masas.
En una ocasión, años antes a la ejecución de Jesús, mandó construir y financiar un acueducto de cincuenta kilómetros para traer agua de Belén a Jerusalén, con el tesoro del templo consagrado a Dios. Aprovechando una de sus visitas a la ciudad, la muchedumbre rodeó su palacio para reprobar la acción, a lo que éste contestó con golpes y palos propinados por soldados vestidos de paisano y mezclados entre las gentes. Según Flavio Josefo, fueron muchos los que murieron tanto a causa de las heridas como aplastados en la huida.
Si en este episodio Pilato ya muestra signos de cierta brutalidad y falta de talante humanitario, en el año 36 su actuación fue mucho más cruenta. En esta ocasión, quiso impedir con sus fuerzas de caballería e infantería la reunión de un grupo de samaritanos incitados por un profeta a subir al monte Garizín, con el propósito de mostrarles el lugar donde hipotéticamente Moisés había depositado los vasos sagrados. En el enfrentamiento algunos samaritanos murieron, muchos cayeron pri­sioneros y los dirigentes fueron ejecutados. Cuando Vitelio, legado de Siria, tuvo conocimiento de las quejas de los samaritanos, ordenó la vuelta de Pilato a Roma para dar cuentas al emperador. Sin embargo Tiberio moriría antes de su llegada, siendo su sucesor Calígula, quien le destituyera de su cargo ordenando su destierro a las Galias donde moriría años más tarde.
Aparte de estos violentos hechos acaecidos durante su prefactura y volviendo al análisis plástico del busto, tanto las acciones faciales y la postura de la cabeza, como el gesto parlante y retórico de la boca (con los labios proyectados hacia fuera mientras la lengua se articula bajo el paladar), codifican sentimientos de arrogancia, desprecio y escepticismo, afines con la actitud del personaje hacia los asuntos y costumbres judías, evidenciados también en el proceso de Jesús. De hecho, según Flavio Josefo, Pilato además de por su brutalidad, se caracterizada por su desconocimiento de la sensibilidad religiosa del pueblo judío. A este respecto, en los primeros años de su prefactura, comprendida entre los años 23 y 36 a.C., rodeó por sorpresa y amenazó con degollar a un grupo de judíos que rodearon su palacio en Cesarea para protestar contra la introducción de estandartes militares con el busto del emperador en Jerusalén. Si bien con esta acción mostró cierta falta de diplomacia, no fue capaz de llevar a cabo su cometido cuando quedó desconcertado ante el ofrecimiento de los judíos de su propio cuello desnudo, dispuesto a perder la vida antes que permitir la transgresión de la ley. Aquel comportamiento desarmó a Pilato, haciéndole desistir de sus pretensiones y acceder a las demandas de retirar los estandartes. Se trataría del único conflicto grave en el que se observa cierta capacidad de ceder ante las presiones.
En el caso del proceso a Jesús y en consonancia con su celo y la obsesión de Tiberio por mantener el orden público o pax romana, la condena impuesta por Pilato pudo ser por delito de perduellio, es decir, sedición o ataque contra Roma, o por crimen laesae maiestatis populis romani, o daño al prestigio de los mandatarios y al pueblo romano. Ni la condición de verdadero o falso profeta, ni el ataque al sistema del templo constituyeron un atentado tan grave contra la autoridad romana como la autopresentación de Jesús como Rey de los judíos, puesto que era el senado romano el órgano que otorgaba este título en la provincia de Judea, desde la proclamación de Herodes el Grande en el 34 a.C.
En resumen, la sentencia a muerte de Jesús fue dictaminada por el representante del Imperio romano en Judea, instigado por la aristocracia local del templo, para asegurar el orden y la seguridad ante un mensaje capaz de sacudir el sistema organizado por los más poderosos del Imperio y de la religión del templo. Tanto este cúmulo de factores como el modo de actuar de Pilato, determinarían un proceso incoherente con la supuesta humanidad e inocencia con la que está impregnada su figura y que choca con la opinión de prestigiosos exégetas o estudiosos de las sagradas escrituras como Raymond Edward Brown. Tanto éste como otros autores, consideran la presentación exculpatoria del prefecto como un hecho no histórico, motivado por la preocupación de los primeros cristianos de no aparecer ante el Imperio romano como herederos de alguien condenado por ser considerado una amenaza contra Roma.

Seguramente Pilato no fuera un déspota sin entrañas, ni un sangriento despiadado como lo describe de Filón de Alejandría, pero ciertamente fue un gobernador que no dudó en recurrir a métodos brutales y expeditivos para resolver conflictos, de igual forma que obraban la mayoría de gobernantes romanos. La consideración de estos acontecimientos históricos, han determinado que en esta representación escultórica se huya de la visión amable y exculpatoria del personaje, acercándose más a al carácter personal y a los hechos revelados por los historiadores y exégetas más prestigiosos.


La talla en cuestión. Foto: Artesacro


Peinado
El busto de Pilato recoge diferentes elementos característicos de las costumbres de la época como por ejemplo:
- Su rostro es imberbe, pues a principios del siglo I los romanos estaban obligados a rasurarse o depilarse la barba por completo.
- Su peinado responde a la tradición mantenida hasta el siglo II, en la que lo más usual era raparse o llevar el cabello muy corto, echándolo hacia delante. La moda del peinado masculino la marcaban los emperadores, quienes imprimían en las monedas su retrato, para darlo de esa forma a conocer al pueblo. El peinado recreado en la escultura sigue las directrices de los bustos conservados del emperador Tiberio, en los que el cabello es peinado hacia delante, dibujando un corte recto sobre la frente.
Tocado
A diferencia de otras representaciones pictóricas y escultóricas en las que erróneamente Pilato posee tocado sobre la cabeza, en esta figura no se incluyen ninguno de los elementos más empleados como: el stefanos, corona triunfal o de laurel, natural o metálica, que se concedía a los generales victoriosos y a los vencedores en competiciones deportivas. Tampoco le corresponde llevar la cinta dorada o cinta de la victoria, que se ajustaba sobre las sienes a los deportistas cuando se imponían en una gesta deportiva.


Fuente: Artesacro.org



Aquí vemos algunas tallas a modo de ejemplo.



Hdad. de la Salud (Huelva)



Hdad. de la Macarena



Hdad. de San Benito



Hdad. de la Sentencia (Cádiz)


Cautivo de Huelva
















Video de la cuesta en su recogida:


Enlace:


Balcones




14 de abril de 2012

En la Hispanidad...













Consecuentemente cristiana

Por José Sánchez Herrero. Catedrático emérito de Historia Medieval de la Universidad de Sevilla.

Fuente: Diario de Sevilla.

El pasado Lunes Santo, 2 de abril de 2012, en Sevilla llovía, algunas cofradías decidieron no salir, otras salieron y tuvieron que recogerse de inmediato, en ambos casos la riqueza de las imágenes, la belleza y riqueza de sus canastillas doradas o policromadas, de sus palios y de los mantos de sus imágenes de la Virgen María peligraba con la lluvia y las cofradías no están dispuestas a sufrir deterioros y quebrantos económicos, mucho menos en los tiempos de crisis en que estamos embarcados, todo lógico y aceptable. Los cofrades, a pesar de las lágrimas cuando su cofradía no puede salir, tampoco estaban dispuestos a lanzarse a la calle y aguantar un largo recorrido de ida y vuelta a la Catedral bajo la lluvia y, a regañadientes, aceptaron la no totalmente agradable lluvia que llegaba después de cuatro meses de sequía. Hasta aquí todo normal.

Pero sucedió lo inesperado. La Cofradía de la Vera Cruz decidió realizar, bajo la lluvia, su Estación de Penitencia hasta la Catedral. La Cofradía lo pensó y se decidió a salir camino de la Iglesia Mayor de Sevilla. Como llovía no sacaron sus pasos, no importaba, la cofradía da culto a la Vera Cruz, es decir a la Cruz donde Jesús murió, más aún a la Verdadera Cruz, de la que la cofradía posee una pequeña reliquia o Lignum Crucis. Llovía, es verdad, pero así realizarían de manera cierta, lo que afirman todas las cofradías de Semana Santa que efectúan en estos días santos: una estación de penitencia. Y con el Lignum Crucis y bajo la lluvia, la Cofradía fue y regresó de la Catedral.

Aplausos para la cofradía de la Vera Cruz, aplausos por varias y diversas razones. En primer lugar, la cofradía de la Vera Cruz retornó a sus orígenes. Una cofradía sencilla, ascética, sin flores, sin música, sin pasos, sin palios. En el primer cuarto de siglo XVI celebraba su estación de penitencia con un pequeño crucifijo portado a mano por un cofrade o, como máximo, con la ayuda de otros dos más; no había flores, ni música, sólo se permitía un tambor y una trompeta "que sonara a dolor", la penitencia se exteriorizaba en los pies descalzos, en la blanca túnica pobre, como la camisa o la mortaja, las velas o hachas encendidas y la autoflagelación (nada de flagelados y flagelantes como algunos romances barrocos y ampulosos han descrito). Pero los tiempos y las sociedades cambian y no hay que volver a un pasado arqueológico, hay que mantener el espíritu, la religiosidad inicial (si es que las cofradías tienen una religiosidad común o específica de cada una de ellas).

Pero mucho más. La cofradía de la Vera Cruz ha dado un ejemplo de autenticidad cristiana: venera la Cruz de Cristo, en la que nos redimió y es suficiente, todo lo demás es superfluo e innecesario. Las cofradías sevillanas se pasan (y lo afirmo con todo el amor que les profeso y la fuerza con que las defiendo) el límite de lo ortodoxo y nos inundan cada vez más de idolatría, de barroquismo fofo, de esteticismo aparente, pero carente de vida. Hemos convertido las imágenes, especialmente las de Cristo, en verdaderos ídolos. No son más que representaciones más o menos fantasiosas y plasmadas en madera de Jesús, pero han cobrado tal valor, falsamente, religioso e importancia que ya no se pueden tocar, trasladar, subir y bajar; mil ceremonias, muchas verdaderamente ridículas, hemos montado en torno a ellas. Ahora, cuando recibimos la eucaristía en una mano y con la otra nos la llevamos a la boca, no podemos tocar la imagen del Señor de [……] Ahora, cuando las manos del sacerdote han dejado de ser las manos felices y únicas, las que pintara Durero, porque sólo ellas podían tocar a Cristo, traerlo, llevarlo, repartirlo en la boca a los comulgantes, resulta que no podemos trasportar con las manos una imagen y utilizamos poleas, carracas, plataformas rodadas, lienzos para que la imagen se deslice sola sin el contacto humano y convocamos con gran aparato a las gentes para que asistan a tales ceremonias.

¿Y nuestras imágenes de María? ¿Cuántas María, Madre de Dios existen: una o 60? Y las 60 compiten en belleza, en vestidura, en manto, en alhajas y aderezos. Perece, lo afirmo con dolor, un desfile de modelos.

¡Qué bien lo ha hecho la Cofradía de la Vera Cruz! Nos ha dado un fuerte toque de atención. No olvidemos lo esencial. Contemplamos a Jesús que sufre y muere en la cruz, el más doloroso y el más deleznable de los castigos. Nos unimos al dolor de una madre, el mayor dolor para una madre: ver morir atroz y deleznablemente a su hijo. Procuremos ser un poco más auténticamente cristianos.